Biblioteca de la Guitarra y Cuerda Pulsada

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Guitarras Archtop, All That Jazz

 

A principios del siglo XX, las guitarras de tapa arqueada o archtop se impusieron al banjo y las guitarras de tapa plana, gracias a su mayor volumen y poder para “empastar”
mejor con el resto de instrumentos de la banda. Usualmente, ocupaban su lugar junto a la sección rítmica, y el tomar un papel de instrumento solista sería un proceso lento; hasta que se le incorporaron pastillas y, hasta día de hoy, ha sido el instrumento estándar para la gran mayoría de guitarristas de Jazz. La llegada de las primeras guitarras eléctricas hizo que las ventas de guitarras archtop cayese drásticamente y quedase relegada a un pequeño círculo de guitarristas de Jazz y a unos pocos constructores. No seria hasta los años noventa cuando el interés por estas guitarras se hiciese más popular.

No entraré en detalles históricos sobre constructores e intérpretes, ya que es abundante la información ya disponible, pero lo siguientes nombres de constructores son un referente. D’Aquisto, sucesor de D’Angélico (1905 – 64), es uno de los más destacados. Las primeras Epiphone y Stromberg, así como Gibson, son los instrumentos con los que han sido grabados las mayor parte de los grandes temas de la guitarra de Jazz del pasado siglo. Hoy en día, hay gran cantidad de constructores independientes, siendo quizás el más famoso y de más larga trayectoria Benedetto, así mismo Linda Manzer, una luthier canadiense que cuenta con Pat Metheny entre sus clientes habituales, es uno de los nombres más destacados entre los constructores de estos instrumentos.

El cuerpo de este tipo de guitarras está más cerca de los instrumentos de arco que de la guitarra española o acústica, tanto la tapa como el fondo son tallados a partir de dos piezas de madera, cortada “al cuarto”, en forma de cuña y con la veta perpendicular a la superficie, tal y como suele hacerse en los violines, carece de boca y, en su lugar, tienen dos orificios en forma de “F” a ambos lados de la tapa. Las cuerdas van sujetas a un cordal, de esta manera se libera a la tapa de gran parte de la tensión y el puente, que no está encolado, descansa sobre dos “pies”, otra característica común con los violines.
El puente tiene más altura que en las guitarras tradicionales, y el mástil lleva un ángulo más inclinado, para así compensar esta mayor altura de cuerdas sobre la tapa.

Las guitarras de calidad y construcción tradicional llevan una tapa tallada de abeto, así como aros y fondo, tambien tallado, de arce. Las guitarras más baratas fabricadas en serie suelen tener la tapa y el fondo de arce laminado, y un bloque interior desde la culata hasta el zoque del mástil, para reducir al mínimo los acoples. Este tipo de guitarras, aún no teniendo mucho que ver con una auténtica archtop, pueden, a veces, con una buena elección de pastillas, dar un sonido amplificado con un carácter a medio camino entre una Les Paul y una verdadera archtop, pero que desde luego nada tiene que ver con una guitarra como la que he descrito más arriba amplificada convenientemente.

También existen opciones que, con el objeto de reducir costes, utilizan laminado de gran calidad sólo para el fondo y respetando la construcción tradicional, las cuales son dignas de tener en cuenta ya que, por un precio más asequible, podemos tener una guitarra lo más semejante posible a lo auténtico y que, a veces, no tiene mucho que envidiar, si por suerte nos toca la tapa de abeto “buena” de la serie.

Hay varios factores, aparte de los materiales utilizados para el cuerpo, que juegan un papel muy importante en lo que al sonido final se refiere. En las guitarras de alta gama, el agujerear la tapa para instalar una o dos pastillas es un gran error, ya que son guitarras que están construidas para obtener el mejor sonido “desenchufado”, y realizando esta instalación no haríamos más que mermar las propiedades acústicas de la tapa. El método habitual para instalar un sistema que reproduzca el sonido de la guitarra es colocar una pastilla flotante sujeta al final del diapasón y los potenciómetros de volumen y tono en el golpeador, el cual va tambien suspendido sobre la tapa. El precio de estas guitarras puede llegar a cantidades que quitan la respiración, pero el proceso de construcción es el más laborioso y complicado de todos los tipos de guitarras existentes. El cordal es otro elemento importante, los construidos en metal son los más comunes, pero los tallados en ébano son los que suelen utilizarse para los instrumentos de gama alta, y algunos constructores han llegado a hacer de la construcción de cordales no sólo un arte, sino una ciencia. La mayor parte de lo comentado hasta ahora es aplicable sólo a los instrumentos de más alta gama, y que sólo algunos privilegiados pueden permitirse tener; pero hay un elemento que es común tanto a las guitarras baratas como a las caras, el puente. El material empleado para el puente, así como el correcto ajuste del mismo, son parámetros a tener muy en cuenta. Un puente de ébano, con los pies reposando adecuadamente sobre la tapa, nos dará una respuesta mejor que uno de una madera más blanda y, pobremente, ajustado.

Un problema común con este tipo de guitarras es la diferencia de volumen audible entre cuerdas y/o notas, al no estar los pies del puente reposando en su totalidad sobre la superficie curvada de la tapa, quedan pequeños espacios que impiden que la vibración de las cuerdas sea transmitida adecuadamente, por lo general, son las frecuencias graves las más perjudicadas por esto. A veces, esta falta de ajuste entre el puente y la tapa es casi imperceptible y difícil de apreciar. Es increíble lo que solventar este inconveniente puede hacer, incluso en guitarras de las más baratas. Por supuesto, encontrarse con este problema en una guitarra de luthier sería inadmisible, a no ser que fuese un instrumento antiguo y la tapa se hubiese deformado ligeramente tras años de uso; reparación que es común hacer incluso en los mas preciados violines.

Otro factor muy importante es el calibre de cuerdas, en general este tipo de guitarras suelen agradecer los calibre gruesos (.012 / .052 y superiores), pero a veces es muy conveniente experimentar con calibres híbridos, ya que al subir de calibre una determinada cuerda conseguimos una respuesta más equilibrada.

Uno de los “inconvenientes” de estas guitarras, es la escasa capacidad de adaptación a otros estilos musicales que nos sean el Jazz, sin embargo, las guitarras de cuerpo más pequeño, tapa y fondo de arce, con bloque interno y dos pastillas, sí que pueden ser llevadas a otros territorios, como el rockabilly, pop, blues, rock y fusión, pero como ya he comentado más arriba, son otro tipo de guitarras. A no ser que uno se dedique por completo al Jazz, quizás la elección más acertada sea hacerse con una guitarra como las que acabo de describir, la mayoría de ellas están basadas en el famoso modelo 335 de Gibson, siendo probablemente las más populares los modelos de la marca Ibánez, aunque la experiencia de tocar una archtop con tapa de abeto y un cuerpo que supera en tamaño al de una Jumbo es otra dimensión, por poner un ejemplo, es como tocar una guitarra española de caja estrecha amplificada, aún siendo de las mejores, y tocar una guitarra de concierto; la percepción de la vibración y la riqueza de armónicos es una sensación incomparable. Eso sí, el conseguir luego ese sonido amplificado sobre un escenario ya es otro tema, ¡¡¡por no hablar de las uñas!!!
Si el escoger una guitarra es ya difícil de por sí, aún queda elegir el amplificador, la pastilla y la púa. No es extraño ver a guitarristas de gran nivel tocando con pequeños combos a transistores para bajo y púas con un grosor que no creíamos que existiese. La guitarra de Jazz también tiene seis cuerdas, o siete, pero es otra especie de animal que requiere un tratamiento muy diferente al de la guitarra eléctrica o acústica. Cómo siempre, el fijarnos en qué equipo usan los guitarristas consagrados es un buen punto de partida. Aquí, a diferencia de con las configuraciones de equipo para guitarra eléctrica, el número de componentes es más reducido. Luego ya sólo nos queda practicar “tropecientas” horas y preguntarnos: ¿cómo demonios hace eso?

 

 

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