Biblioteca de la Guitarra y Cuerda Pulsada

Biblioteca de la Guitarra y Cuerda Pulsada

Echevarria Espinosa, José Esteban Antonio (Virreinato del Rio de la Plata, 1805 - Argentina, 1851)

Guitarrista, famoso poeta y sociólogo argentino. Nació en Buenos Aires, el 2 de Septiembre de 1805. Muy niño perdió a su padre, y las caricias maternales se duplicaron; oyó cantar los pájaros mientras sus sentidos palpitaban intensamente, y con arte, ritmó el complejo de sus emociones varias, en estrofas magistrales, que brotaban musicadas del alambrado pampa de una guitarra, por sus dedos hábiles en el manejo. A los 20 años de edad, en Octubre de 1 825, se embarcó rumbo a París. ¿A qué? Juan María Gutiérrez nos lo dice en "Noticias biográficas sobre Echeverría": "Nacido en un país que ama con delirio, pero en donde ni la historia suministra experiencias, ni el arte ostenta sus prodigios; en donde son pobres las escuelas y carecen los maestros del prestigio de la fama, toma el camino del viejo mundo, creyendo hallar allí los elementos de saber de que carece en su patria, y una fuente abundante y pura en que saciar la sed de ciencia que le devora"; llegado a la capital de Francia, "Echeverría no podía vivir largo tiempo lejos de las orillas del Plata. Su alma estaba encordada como un arpa eólica que sólo resonaba herida por las auras patrias . . .

Pero en esos momentos un amor concebido en Ja patria, una predilección nacida con él y convertida en hada benéfica, llegaba a disipar aquella sombra y a colocarla con los tintes azules del cielo ausente. Esa hechicera era su guitarra, su "fiel compañera", la que según sus propias expresiones, alejaba con sus sonidos las fieras que le devoraban el pecho. Sin duda esa guitarra había sido llevada muchas veces oculta como un delito, bajo la capa del hijo del Alto y sonado acompañando el cielito en los bailes equívocos y ultrafamiliares de los suburbios del Sur, en la primera juventud de nuestro poeta. Pero esa guitarra de pacotilla, de cuerdas y bordonas compradas al menudeo en Ja esquina de "Almandos" o en el almacén de "Lozano", había pasado a ser una vihuela de las fábricas de Sevilla o de Cádiz, un verdadero instrumento gobernado por manos adiestradas bajo la dirección de profesores afamados. Echeverría se preciaba de pertenecer a la escuela del maestro Sor, y de interpretar con inteligencia la música sabia de Aguado, escrita especialmente para el diapasón de la vihuela ( ver Cordero F. Cruz ) . Pero más que el gusto ajeno debía al suyo propio y a la delicadeza de sus sentidos, el encanto con que pulsaba aquel instrumento que pocas personas le vieron en la mano, porque lo reservaba exclusivamente para él y para las horas en que sólo estaba visible para su propia alma. Los que hemos oído los arpegios que brotaban de sus dedos al recorrer alternativamente con lentitud o rapidez las cuerdas de su guitarra, podemos comprender como este instrumento era a la vez su consuelo, su inspirador y el consejero de esa vaga y ondulante armonía melancólica que sombrea la mayor parte de las poesías fugitivas de Echeverría.

Estas antes de tomar formas en la palabra, habían nacido envueltas en las ondulaciones de un sonido armonioso, de modo que la estrofa de su poesía es como un libreto que forzosamente se amolda a sonidos más elocuentes que la palabra misma. Ritmo y música eran sinónimos para nuestro poeta así como tañer y modular, pasión y concierto, hermanadas y confundidas estas identidades en las regiones del entusiasmo. El músico diestro, es decir, el poeta "con una disonancia hiere, con una armonía hechiza, y por medio de la consonancia silábica onomatopéyica de los sonidos, da voz a la naturaleza inanimada y hace fluctuar el alma entre el recuerdo y la esperanza pareando y alternando las rimas".
El Dr. Ricardo Rojas, Rector de la Universidad de Buenos Aires, en el segundo tomo, página 696, de "Los gauchescos", recoge en parte lo que dice Gutiérrez y se expresa Juego en parecidos conceptos respecto a Echeverría. El gran poeta argentino dejó de existir a edad temprana, el 1 9 de Enero de 1 8 5 1 en la ciudad de Montevideo, desterrado por el régimen de fuerza del Restaurador de las leyes, Don Juan Manuel de Rosas ( ver) . Su monumento, obra del escultor Tasso, se levanta en los hermosos jardines de Palermo de su ciudad natal. De Echeverría decimos lo mismo que él dijo de su gran amigo el poeta Juan Cruz Varela:

¡ Triste destino el suyo!
En diez años, un día
no respirar las auras
de la natal orilla.
¡ No verla ni al morir! . . .

Diccionario de Guitarristas. Domingo Prat (1934)

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