FLAMENCO
Nombre adjetivo que se aplica a una manera peculiar de cantar y bailar, cuyo origen y límites se exponen en el artículo CANTE:
A fines del siglo XV llegaron a Andalucía numerosas tribus gitanas, como ramal de la gran inmigración que, hacia 1447, penetró en España por la ruta de la costa catalana; los gitanos en Andalucía, como en las demás regiones españolas, y durante toda la centuria decimoquinta y la mayor parte de la decimosexta sufrieron una severa vigilancia y hubieron de vivir, o errantes por los campos en donde establecían fugaces campamentos, o asentados obligadamente en villas y lugares.
Esta gente gitana, de dotes poéticas autóctonas muy pobres, pero con notable facultad para el arte del ritmo y la recreación imitativa, se encontró en la campiña y en los barrios populares de las ciudades andaluzas con un rico y brillante folklore, de excepcional gracia poética. Y excitada y alentada su genialidad interpretadora absorbió, del mismo modo que lo venía haciendo durante decenios por otras regiones de España, pero ahora con especial fervor, las substancias musicales de ese espléndido cancionero popular, y alumbró álgo distinto, ya que no nuevo, y en cierto modo original: el cante, o, si se quiere decir con expresiva redundancia, el CANTE FLAMENCO.
A1 principio de su permanencia en Andalucía, los gitanos, en forzosa trashumancia, no debieron de gozar el necesario sosiego para esa recreación artística, que habría de esperar para su gestación la siguiente etapa sedentaria, bien en convivencia con la población campesina andaluza o bien en los asientos ciudadanos.
El adjetivo flamenco, pues, se refiere lo mismo a ciertos cantos que a determinados bailes, todos los cuales entran en la denominación común de arte flamenco. Ahora bien, dichos cantos poseen un nombre genérico propio: cante, luego la expresión CANTE FLAMENCO encierra el mismo significado que cante, si bien acentuado con expresiva redundancia; en cambio, la expresión baile flamenco es no sólo justa, sino indivisible, ya que los bailes a que alude no tienen nombre genérico propio.
Se han formulado diversas explicaciones para justificar la aposición del adjetivo flamenco al sustantivo cante. Unas le han atribuido carácter de gentilicio adjetivador, estableciendo artificiosas teorías sobre la transformación de dicho gentilicio, propio de los"flamencos", que llegaron a España con el emperador Carlos V, en el apelativo que mucho tiempo después habría de aplicarse a los GITANOS, primeros ejecutores de tal arte.
Otras, por un conducto semántico opuesto, hacen derivar el adietivo fiamenco directamente de voces árabes, como "felag-mengu" (campesino prófugo), "fel-lah-mangu" (labrador cantor) o "felag-enkum", que se pronuncia "flajencu" (cante de los moros de la A1pujarra).
Pero estas explicaciones se han venido abajo, y el problema parece haberse iluminado defınıtıvamente con el riguroso estudio de don Manuel García Matos (1912 – 1974) en su trabajo "Cante flamenco. Algunos de sus presuntos orígenes", publicado en el volumen V del Anuario Musical.
Es cierto que con el vocablo flamenco se denomina frecuentemente en España a los gitanos, pero ello no ocurre hasta los finales del siglo XVII o principios del XIX, cuando es inverosímil que en esa transposición se quisiera aludir a la gente que llegó a España desde Flandes a principios del siglo XV.
Y precisamente en las otras fechas muy posteriores, entre los siglos XVIII y XIX, aparece también en la jerga del hampa la palabra flamenco, pero teniendo muy poca relación ni con Flandes ni con África, pues se deriva de "flamancia" y de "flama", es decir, llama, y significa, primero, "presunción", "vistosidad resplandeciente", y luego, y por extensión, "lucido" y "gallardo". Veamos ahora los gitanos. Como fueran severamente vigilados y aún perseguidos durante la etapa comprendida entre su penetración en España, a mediados del siglo XV, y las disposiciones de Carlos III, a finales del siglo XVII, en todos esos años, y bastantes más, el término gitano -casi sinónimo de proscrito-debió de ser poco menos que denigrante. Recordemos tan solo, a estos efectos, que una pragmática de Felipe IV, en 1633, había ordenado que se tuviera por injuria grave el nombre de gitano.
Pero con las benévolas disposiciones carolinas los gitanos, no constreñidos ya a la perpétua trashumancia o en forzosos asentamientos ciudadanos, empezaron a convivir más holgadamente con el pueblo, y de acuerdo con sus querencias, se mezclaron más asiduamente con la truhanería. Esta moranza hubo de ser notablemente extensa y profunda en Andalucía, en donde, por abundar el tipo rumboso, gallardo y algo fanfarrón, el término flamenco, en el significado jergal que hemos dicho, habría de ser frecuentemente aplicado, sobre todo al gitano, por su hierática figura, lo abigarrado y brillante de su atavío o la llameante vivacidad de su temperamento.
Flamenco, en Andalucía, llegó a significar gıtano, y flamenco se denominó luego al cante alumbrado por gentes de esa raza".
(Extraído de:"El Cante Flamenco" Julian Pemartín. /Ed. Afrodisio Aguado. 1966, Madrid)