CÓRDOBA Mariano
n. 1924 en Guadalajara, España
"Cuando por primera vez llegué a Madrid, apenas contaba diez años y ejercí infinidad de oficios. Un día, caminando por la calle de un barrio, me sentí atraido por el sonido de una guitarra, fascinado por aquellas notas salidas del mejor instrumento de cuantos emiten sonidos musicales. Era un maestro barbero el que tocaba y de él aprendí durante un tiempo lo que pudo enseñarme. Seguí practicando y luego acudí a otro barbero, más experimentado, que también me instruyó unos cuatro meses. Los cantaores y guitarristas actuaban en los famosos 'colmaos' flamencos, y yo estaba tan ilusionado que soñaba despierto. ¡Que poco sabía lo que me esperaba de principiante! Hice el debut acompañando a un cantaor en una taberna llena de obreros que charlaban, bebían vino y fumaban. En cuanto hubo terminado sus cantes, Pepe de Huelva, que así se llamaba el cantaor, sacó un platillo y pasó con él pidiendo una voluntad para los artistas. No me es posible explicar la vergüenza que pasé. De allí nos trasladamos a otros sitios, actuando y pasando el platillo por todas las tabernas del barrio hasta las dos de la madrugada, en que nos detuvimos a contar el dinero. Nuestras ganancias ascendían a cinco pesetas para cada uno. El impacto de aquel principio, a pesar de que la vida había sido para mi una lucha constante por subsistir, pero sin verme obligado a pedir limosna, fue tan brutal y doloroso que me fue muy dificil soportarlo. Eran los días después de la guerra civil, mi padre había fallecido y desde los doce años tenía a mi cargo la responsabilidad de la familia. Así es que al cabo de un mes, y realizando inauditos esfuerzos, me había acostumbrado a la nueva vida y todo parecia más fácil. No obstante, como mi idea se basaba en conseguir un dinero que me permitiera costear mi educación musical no me sentía satisfecho, pues a veces nuestras ganancias eran muy escasas. Una vez decidimos cambiar de táctica y actuar en pueblos castellanos, haciéndonos anunciar antes de nuestra llegada. La primera de estas actuaciones la dimos en la sala principal de una taberna, en la que conseguimos reunir una veintena de obreros. El escenario consistía en una mesa grande, a la cual nos subimos y dimos comienzo. Al parecer, no gustó mucho. ¿ Por que ? El caso es que uno de los jóvenes se metió debajo de la mesa y la volcó, dando así por terminada la función en medio de un alboroto. Con el transcurso del tiempo, visto que la cosa no tenía visos de mejorar, mi madre y hermanos decidieron unir sus esfuerzos y ayudarme para que pudiese tomar lecciones de guitarra de un buen maestro. Entonces fue cuando visité a Rafael Nogales, gran maestro de la guitarra flamenca. Le dije como había estado luchando con aquel instrumento durante tanto tiempo y tan inutilmente, pues estaba convencido que sabía menos que al principio, a lo que me contesto: 'Si sabes que no sabes, ya es bastante, pues hay muchos que ni siquiera saben eso'. Asi fue como empecé por el camino liso y llano, corrigiendo muchos defectos que había adquirido. Aprendí técnicas con las cuales ni había soñado. Nogales es un hombre de una cultura y experiencia que esta por encima de toda ponderación. Y estas cualidades le llevan a mezclar la enseñanza con la anécdota. Para muestra basta un botón: me contaba cierto día que en Sevilla actuaba un cantaor, el cual había repetido varias veces una canción a petición del público, que no paraba de aplaudir. El cantaor estaba muy cansado y dirigiéndose al auditorio, dijo: 'Volveré luego y cantaré un poco más'. A lo que un espectador contestó: '¡Luego no, ahora! ¡Hasta que aprendas! Tras un año de estudiar ocho horas diarias, mi forma de tocar mejoró mucho. Y había dejado atrás la pesadilla de tener que ir de taberna en taberna. Siempre bajo la dirección de Nogales, mis conocimientos musicales habían alcanzado un grado notable, hasta el extremo que me decidí a aceptar algunos pequeños contratos. Pero eso si, actuabamos en escenarios más de acuerdo con lo que yo había soñado. Seguí estudiando con Nogales y ahora también con Eugenio González, mientras trabajaba con algunos conjuntos flamencos. Por aquellas fechas, en 1945, fuí llamado al ejercito y al terminar mi compromiso, en 1948 continué mi vida de guitarrista tocando para la famosa pareja de baile María Martín y Paco Torres. En 1950 actué en Barcelona con el cantaor Antonio Molina y la gran bailaora Flora Albaicin. Con ellos grabé mis primeros discos para la firma Odeón. En el año 1952 fuí contratado para tocar en el cabaret Sacromonte, también en Barcelona. Allí actuaba también Juan Serrano, quien esta considerado hoy como uno de los mejores concertistas de guitarra flamenca. Ese mismo año llegó a Barcelona el mejor de los bailadores españoles, Antonio, quien después de oirme tocar me ofreció un contrato para una compañía que estaba formando, y me trasladé a Madrid. Poco días llevaba allí cuando se contrató a un nuevo guitarrista, e imaginense mi sorpresa al enterarme de que dicho guitarrista no era, ni más ni menos, que mi gran maestro Rafael Nogales. Dos meses después debutabamos en el Teatro Español de Madrid y esto colmaba mis sueños, pues para mi me resultaba increible actuar en el mejor teatro de la capital de España, tocando para el mejor bailarin de todos los tiempos y en compañia de mi querido maestro. Aquella noche no me hubiera cambiado por ningún tesoro del mundo. Desde entonces todo fue de éxito en éxito, rebasando mis más optimistas ambiciones. Trabajamos en los mejores teatros de España, Francia, Inglaterra, Suiza, Holanda, Bélgica, Montecarlo, América Latina, Canadá y Estados Unidos. En 1956 decidí establecerme en San Francisco, y, prendado de la magnífica acogida que me dispensó sus habitantes, instalé un estudio para enseñar la guitarra, alternando esta labor con la de los conciertos. En 1960 firmé un contrato en Hollywood con la Capitol Records Company, y desde entonces también me dedico a la grabación de discos. En realidad, mi gran interés estriba en enseñar a mis alumnos de tal forma, que lleguen a sentir en lo más hondo de su ser el goce inefable que invade el alma de todo aquel que toca este maravilloso instrumento". Sólo podemos añadir que en 1973 publicó Mariano Córdoba en Sunnyvale (California) un excelente tratado, titulado "Traditional Flamenco Guitar", en dos volúmenes.