n. 1908 en Santiago de Cuba
De este gran artista se ha ocupado Radamés Giro en su libro "Leo Brouwer y la guitarra en Cuba" (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1986), utilizando un texto superior al que ya habíamos escrito nosotros. Copiamos: "Consideraré ahora la aportación hecha al instrumento por un hombre singular: Vicente González Rubiera, quien es para la guitarra popular lo que han sido Clara Romero primero, Isaac Nicola después y Leo Brouwer en la actualidad, para la guittarra clásica y contemporánea. Puede asegurarse que desde la década del 30 hasta la fecha, casi todo lo que tiene que ver con el desarrollo de la guitarra dentro del cancionero popular en Cuba, y en la integración entre la guitarra popular y la clásica, es una consecuencia inmediata o por reflejo de sus aportes técnicos y armónicos. Poseedor de una solida formación técnica, Guyún estudió guitarra clásica con Severino López. En cuanto al dominio de la técnica ha dicho Leo Brouwer en el prólogo a 'La Guitarra: su técnica y armonía': 'Su absoluto rigor técnico (cuando digo técnico no hablo ridiculamente de como poner los dedos en la guitarra), repito, su rigor no contradice a la enjundia popular, dicharachera y jovial de su lenguaje y vida cotidianos.' En efecto. Se trata, desde luego, de emplear todas las posibilidades físicas del hombre en función de un mayor logro técnico-estético. Por otra parte, todo gran creador es, a la vez, un gran desobediente. González Rubiera es un gran desobediente: él sabe muy bien que no es posible lograr algo nuevo andando por los caminos trillados, por los lugares comunes, sobre todo cuando estos han dado todo de sí, por lo cual se planteó la busqueda de una mayor riqueza armónica y un agrandamiento de la sonoridad del instrumento. Esta es la clave de su método. Era imprescindible utilizar los diez dedos de las manos, ya que con el dedo meñique de la mano derecha se logran nuevas posibilidades en la ejecución, lo cual, unido al uso del pulgar de la izquierda, permite obtener acordes más completos. Pero González Rubiera no sólo emplea todos los dedos de sus manos y las seis cuerdas del instrumento, sino, además, todas las partes de este para trasmitir a quienes les escuchan lo que él quiere. La guitarra es en sus manos un instrumento de percusión (escuchesele 'Acuarela do Brazil', de Ary Barroso; 'Conchita', de Rafael Hernández, o el 'Yambambó', de Emilio Grenet); y también es piano, contrabajo, trío de violines, trombón, pues cuando armoniza parte de una concepción orquestal fenómeno previsto por Héctor Berlioz y que se verá desarrollado después por Leo Brouwer. El emplear la guitarra como un instrumento de percusión, muy común hoy día, no lo era, sin embargo, en el periodo en que González Rubiera comenzó a hacerlo. Digamos, de paso, que Guyún no es un guitarrista de la velocidad: no son los pasajes de velocidad, de 'virtuosismo' (sin que por ello deje de ser un virtuoso), lo que busca en sus interpretaciones, sino la belleza en el enlace de los acordes, en la modulación... En esto, como en otros muchos aspectos, no sólo es un artista sino adema's un científico. Por otra parte-y esta es otra de sus virtudes - ,en cada versión armónica que realiza (él no hace arreglos ni transcripciones como algunos han dicho) enriquece la armonía natural de la obra sin que se desvirtue el original, pues siempre mantiene la sustancia espiritual de su creador. Por ejemplo, en 'Corazón', de Eduardo Sánchez de Fuentes, no sólo emplea los cromatismos, sino que utiliza un procedimiento armónico que él llama 'armonía de fantasía' o 'metáfora armónica'; la belleza melódica de 'Marta', de Moisés Simons, la motivó una armonización similar, pues las 'melodías diáfanas - dice - son las que más se prestan para emplear en ellas los cromatismos.' En 'Lágrimas negras', de Miguel Matamoros, acude a distintos recursos armónicos con los que busca la variedad y belleza, porque 'cuando el estímulo no varia acaba por desaparecer'; por eso en esta obra se vale de la armonía clásica, la cromática, la exatonal y la impresionista. Para armonizar 'Vieja luna', de Orlando de la Rosa, recurre de nuevo al cromatismo, los movimientos exatonales y a la bitonalidad. No emplea el atonalismo porque considera que este 'tiene muy poco que ver con la música popular'. En el maestro Guyún se aunan el artista y el sabio, y en esto estrida la calidad de sus armonizaciones, la belleza de su arte. 'Fuera de la belleza - argumenta - no hay arte'. Este presupuesto estético - estamos o no de acuerdo con él constituye su credo artístico, donde están presentes las ideas del Stravinsky de 'Poética musical', el Leopoldo Hurtado de 'Introducción a la estética' el Hugo Riemann de 'Estética musical', el Hegel de 'De lo bello y su forma', y las del pensador argentino José Ingenieros; no son las únicas, pero si las más importantes.
En 1938 González Rubiera se retira de la vida artística activa aunque no del arte, que toma para él una nueva dimensión. Ahora, más interesante, el artista se vuelca en sus alumnos que se multiplican: el maestro se realiza en ellos. Enamorado de su instrumento, le profesa una fidelidad inquebrantable. Esta vocación y dedicación por la música son tales, que todo su ser, todos sus actos, lo conducen a ella. Todo lo que tenga que ver con la cultura le interesa. Poseedor de un vasto aparato conceptual, se adentra con la misma vehemencia en el terreno de la psicología' la fisiología, la filosofia, la estética o la electrónica, pues no sólo es un humanista. Piensa que todos estos conocimientos enriquecen su arte, con lo que coincide con Alejo Carpentier cuando dice que todo escritor debe tener el dominio de otro arte que enriquezca el suyo. Hablé del artista y el científico, que son uno y el mismo. Cabe mencionar, además de sus alumnos que tañen el instrumento aquí y allá, su libro 'La guitarra: su técnica y armonia', en cuyo prólogo Leo Brouwer afirma: 'Mucho podía decirse de la ampliación que sufre en nuestro siglo la música, tanto en lo universal como en lo nacional. Cuando se haga el recuento, el aporte de Guyún tendrá - con este libro - un marcado renglón. Este libro no sólo es imprescindible para el guitarrista que comienza en la música popular, sino que se convierte en libro de consulta para el profesional y el pedagogo, puesto que técnicamente están explicados con claridad meridiana los problemas de la armonía y de la técnica guitarrística. Todo estudioso - aún el más erudito - recogerá en cada página una nueva forma de lo conocido. En cada párrafo se aprende. Todo hecho interesante es polémico. Probable es que alguno encuentre el libro 'minucioso' (hermoso pecado el de la exactitud), otro muy extenso, y un tercero discrepe de tal o cual argumentación; pero es indudable que este luminoso acierta en objetivos y en plateamientos, siendo funcional y nada redondante.' Odilio Urfé ha llamado a González Rubiera 'Trovador Mayor'. Cierto. Pero Guyún es eso y mucho más. Es un artista excepcional que hace de cada obra que interpreta, de cada armonización que logra, una creación; porque es, sin dudas, un poeta de la guitarra y un científico de la armonía." Digamos por nuestra parte que, aparte de Severino López, en lo clásico, sus maestros de guitarra también fueron José Banderas y Sindo Garay, con los que sostuvo estrecho contacto en la capital de Oriente.
(Radamés Giro)